El fin de semana hubo un clima muy agradable. En medio de un invierno congelante, gris y deprimente, uno no puede darse el lujo de desaprovechar un fin de semana con tiempo agradable. Con esta premisa, el sábado decidí salir a pasear, a tomar aire y estirar las piernas (cosas todas que en invierno hago poco y muy poco). Entonces llamé a una amiga y la invité para que me acompañara en tal evento.
Mi amiga no dudó un instante en dar su afirmativa, ya que le encanta pasear. En realidad le encanta divertirse, sea como sea. Me acuerdo una vez que en plena madrugada llamó para invitarme a salir a jugar al rin-raje, (que dicho sea de paso, acepté). Pero esto será parte de otra historia. En fin, me dijo que sí y quedamos en que pasaría a buscarla por su casa a eso de las tres de la tarde. Y así lo hice.
Decidimos ir al parque Rodó, a ver verde y respirar aire puro (sí, déjenme mantener la ilusión de que en algún lugar de la ciudad aún se respira aire puro). Estaba lleno de gente, familias, amigos, gente sola, gente con perros, perros con gente, gente con gente y perros con perros.
Estuvimos un buen rato. Tomamos mate, caminamos, tomamos sol y nos reímos mucho de la gente. Nos reímos como siempre lo hacemos cuando salimos juntas (y como ella siempre lo hace aún saliendo sola). El tema es que mi amiga es una caricatura y a la gente le cuesta acostumbrarse a eso. Ella vive desde muy chiquita acá en Uruguay. Su madre se vino de EE.UU. pocos años después de que mi amiga naciera, y meses después de protagonizar su mayor éxito. Es actriz. Bueno, en realidad era actriz. Se llama Jessica Rabbit y ahora se dedica a otras actividades, aunque no sé bien a cuáles.
La mayoría de la gente ni se inmuta al ver a mi amiga, lo toman como algo natural... es sabido por todos que el uruguayo es un ser de cabeza muy abierta y es, por sobre todas las cosas, muy tolerante. Pero alguno hay que se acerca a hablarle y alguno, incluso, quiere tocarla. Mi amiga se divierte mucho cuando esto pasa y se muestra receptiva. Responde a todo lo que le preguntan, deja que le agarren la mano o el pelo, hasta que una vez saciada su curiosidad finalmente se marchan. Y allí es cuando más se ríe.
Cuando el sol empezó a caer, y comenzaba a refrescar, decidimos irnos a casa. Juntamos nuestras cosas y emprendimos el camino de vuelta. De pronto, y tomándonos por sorpresa, nos cruzamos con un hombre que tenía la cabeza al revés: nuca y pelo para adelante, nariz, ojos y boca para atrás. Como es de esperarse, quedamos muy impresionadas y no supimos bien cómo reaccionar. Sin quererlo nos quedamos mirándolo fijamente, con cara de consternadas y al pasar el hombre por nuestro lado giramos la cabeza para seguir viéndolo. Claro que no contamos con el detalle de que, al tener la cabeza al revés, iba a ver nuestro gesto tan poco cortés. Al vernos refunfuñó un poco y nos dijo algo que no terminamos de entender (pero que sin dudas sonó poco amigable). Habrase visto... un hombre con la cabeza al revés caminando como si tal cosa. Uno nunca deja de sorprenderse con las rarezas de este país.
Loca de remate... tu amiga Jessica.
ResponderEliminarRin-raje de madrugada?? Sin pies ni cabeza!
Y hablando de cabezas (al revés): sin comentarios...