lunes, 25 de julio de 2011

¡Salud!

Le pese a quien le pese y cliché como pueda parecer, hoy le dedico unas líneas a Uruguay.

Veníamos con mi hermana hablando de lo ridículo que es el sol con cara de nuestro pabellón (tema digno de análisis) y de lo linda que es la bandera a pesar de ello. Veníamos de festejar el día del padre y mi abuelo repetía como un mantra “Uruguay gana hoy”. Y fue justo esto lo que me hizo querer escribir.

Sé que puede sonar cursi y hasta barato dedicar una entrada a la copa América, pero considero que la ocasión amerita por todo lo vivido ayer. Ayer seis uruguayos de tres generaciones distintas saltábamos y nos abrazábamos cada vez que Uruguay hacía un gol. Será una tontería, pero ver a mi abuelo con esa emoción, feliz de volver a ver a su país levantar una copa, (él que vivió la del 50 y con dieciocho años festejó toda una noche junto a miles de uruguayos), fue algo que va más allá del fútbol. Fue una alegría compartida por nosotros y casi tres millones más que vino a ponerle a este país gris mucho celeste y mucho festejo, ruido, música, papel picado, bocinas y gritos compartidos con gente desconocida.  Alegría que pese al frío quería compartirse con otros uruguayos y demostrarse a la selección que nos había regalado ese momento.

El fútbol es un deporte. Sé que no es más que eso. Pero por algún motivo logra sacar de los uruguayos cosas que pocas veces salen a la vista. Y será tonto, ridículo o hasta exagerado si se quiere, pero es absolutamente válido festejar un triunfo que nos toca a todos como propio. Y ojalá se vivieran muchos triunfos más que los uruguayos consiguen y que muchas veces pasan desapercibidos. Pero ya que esto hoy nos hace festejar, festejemos y sin sentir vergüenza. El paisito es hoy campeón de América, una vez más. Y brindo por ello. ¡Salud!

martes, 12 de julio de 2011

Miscelánea

El fin de semana hubo un clima muy agradable. En medio de un invierno congelante, gris y deprimente, uno no puede darse el lujo de desaprovechar un fin de semana con tiempo agradable. Con esta premisa, el sábado decidí salir a pasear, a tomar aire y estirar las piernas (cosas todas que en invierno hago poco y muy poco). Entonces llamé a una amiga y la invité para que me acompañara en tal evento.

Mi amiga no dudó un instante en dar su afirmativa, ya que le encanta pasear. En realidad le encanta divertirse, sea como sea. Me acuerdo una vez que en plena madrugada llamó para invitarme a salir a jugar al rin-raje, (que dicho sea de paso, acepté). Pero esto será parte de otra historia. En fin, me dijo que sí y quedamos en que pasaría a buscarla por su casa a eso de las tres de la tarde. Y así lo hice.

Decidimos ir al parque Rodó, a ver verde y respirar aire puro (sí, déjenme mantener la ilusión de que en algún lugar de la ciudad aún se respira aire puro). Estaba lleno de gente, familias, amigos, gente sola, gente con perros, perros con gente, gente con gente y perros con perros.   

Estuvimos un buen rato. Tomamos mate, caminamos, tomamos sol y nos reímos mucho de la gente. Nos reímos como siempre lo hacemos cuando salimos juntas (y como ella siempre lo hace aún saliendo sola). El tema es que mi amiga es una caricatura y a la gente le cuesta acostumbrarse a eso. Ella vive desde muy chiquita acá en Uruguay. Su madre se vino de EE.UU. pocos años después de que mi amiga naciera, y meses después de protagonizar su mayor éxito. Es actriz. Bueno, en realidad era actriz. Se llama Jessica Rabbit y ahora se dedica a otras actividades, aunque no sé bien a cuáles. 

La mayoría de la gente ni se inmuta al ver a mi amiga, lo toman como algo natural... es sabido por todos que el uruguayo es un ser de cabeza muy abierta y es, por sobre todas las cosas, muy tolerante. Pero alguno hay que se acerca a hablarle y alguno, incluso, quiere tocarla. Mi amiga se divierte mucho cuando esto pasa y se muestra receptiva. Responde a todo lo que le preguntan, deja que le agarren la mano o el pelo, hasta que una vez saciada su curiosidad finalmente se marchan. Y allí es cuando más se ríe.

Cuando el sol empezó a caer, y comenzaba a refrescar, decidimos irnos a casa. Juntamos nuestras cosas y emprendimos el camino de vuelta. De pronto, y tomándonos por sorpresa, nos cruzamos con un hombre que tenía la cabeza al revés: nuca y pelo para adelante, nariz, ojos y boca para atrás. Como es de esperarse, quedamos muy impresionadas y no supimos bien cómo reaccionar. Sin quererlo nos quedamos mirándolo fijamente, con cara de consternadas y al pasar el hombre por nuestro lado giramos la cabeza para seguir viéndolo. Claro que no contamos con el detalle de que, al tener la cabeza al revés, iba a ver nuestro gesto tan poco cortés. Al vernos refunfuñó un poco y nos dijo algo que no terminamos de entender (pero que sin dudas sonó poco amigable). Habrase visto... un hombre con la cabeza al revés caminando como si tal cosa. Uno nunca deja de sorprenderse con las rarezas de este país.

miércoles, 6 de julio de 2011

Dicen que "recordar" viene del latín "recordari", compuesto por "re" (de nuevo) y "cordis" (corazón). Recordar es, entonces, hacer que algo pase nuevamente por el corazón...


¿Adónde va lo que olvidamos?


Cuando somos niños tendemos a ejercitar mucho la memoria, nos acordamos de cosas que nos parecen importantísimas para nuestra vida. Nos aprendemos de memoria el nombre de todos los personajes de los dibujitos, de las canciones para saltar a la cuerda, del nombre y todos los datos posibles del nene o nena que nos gusta, de la fecha de cumpleaños de la tortuga, de la última vez que fuimos de campamento y todo lo que hicimos... Cuando niños tenemos una fascinación por aprender cosas y recordarlas.

A medida que vamos creciendo nos vamos llenando la cabeza con cosas y datos nuevos. Cargamos nuestro cerebro con información que ahora es mucho más importante que todo lo anterior, y vamos dejando de lado esos datos que teníamos tan frescos y prontos para ser contados a quien preguntara (y a veces también a quien no). Es momento de estudiar, de llenar la cabeza de fórmulas, de hechos históricos, de cálculos matemáticos, de tablas y nombres de autores. Pero es curioso cómo sucede a veces que al encontrarnos con amigos de la infancia o incluso con gente que no compartió nuestra infancia pero que tiene más o menos nuestra edad, casi sin quererlo empiezan a aparecer fantasmas. 

Y de pronto, casi sin darnos cuenta, pasamos a ser testigos de una procesión interminable, colorida y maravillosa de dibujitos, de figuritas, de canciones, de escondidas, de "manchas", de castillitos de arena, de veo-veo, de vestidos de muñecas y pelotas hechas con medias, de cordoncitos en calles no muy transitadas y carrera de barquitos de papel en los charcos, de la vieja de la cuadra a la que nadie se animaba a pedirle que nos devolviera la pelota, de rayuelas, de hermosos maquillajes, de disfraces, de corsos y cabezudos, de piojos y liendres, del arenero, de las hamacas de la escuela, del "chis", el ta-te-ti y el martín pescador, de la bruja de los colores, el cuaderno de la amistad y las cartucheras firmadas.
Las palabras mágicas son: "se acuerdan que..." y como sea que termine la frase, siempre va a haber alguno que no se acordaba de eso hasta que se lo recordaron.

¿Adónde van esas cosas que olvidamos? Seguramente se quedan dormidas dentro de nosotros esperando ser llamadas. A veces duermen tanto, tanto que ya no son capaces de despertar jamás.

¿Y adónde va la gente cuando la olvidamos? ¿Sucede lo mismo con las personas? ¿Se duermen también para siempre? En definitiva, para muchos la vida consiste justamente en eso: en ser recordados, en trascender, en dejar huellas. Casi sin quererlo, y todos los días, ciertas personas nos tocan. Se nos presentan bajo la forma de amigo, de abuela, de vecino, de compañera de estudios, de novia. A veces las conocemos por simple casualidad. Esas personas buscan su caminito para colarse en nuestro cerebro y permanecer allí. Y cuando esas personas por un motivo u otro ya no están, siempre podemos acudir a ellas y encontrarlas en esos recuerdos que nos plantaron, en la idea que tenemos de ellas, en olores, caras y situaciones que nos conmueven y nos hacen volver a los días en que esas personas estaban.

Hoy cuando veas a las personas que querés, tratá de captarlas por completo, de disfrutarlas y guardarlas bien adentro para que permanezcan siempre en tu retina, en tu cerebro, en tu corazón. Así serás dueño de un tesoro que nadie nunca podrá quitarte.