A esta altura de mi
vida, me he dado cuenta que no sé comprarme ropa. En mi familia siempre me
gastan porque dicen que soy una ratona, porque uso el mismo jean hace seis
años, o porque todavía tengo el bucito de lana que me regalaron para los
quince. El problema no es que sea ratona. El problema es que no sé comprarme
ropa, entonces me evito el mal momento depositando esa responsabilidad en
otros, que en ocasión de mi cumpleaños o algún día muy especial, colaboran con
mi propósito.
Este mes me propuse
no esperar a mi cumpleaños, pero fue más que nada por una cuestión meramente de
necesidad. Y fue ahí que redescubrí y confirmé lo que he denominado mi “torpeza
shoppística”. El tema es que pocas cosas me gustan y cuando finalmente
encuentro algo que me gusta dudo, dudo, dudo, hasta que en un momento pido para
probármelo y descubro que no hay de mi talle, o que queda solo el de la
vidriera, o que van a entrar más “pero aún no sabemos cuándo”. En las raras
ocasiones en que consigo lo que quiero es que pierdo. Pierdo porque con la ropa
me pasa lo que a muchas mujeres les pasa con lo hombres: me engancho con algo
que no me conviene. Por ejemplo: me compré un vestitido de invierno hermoso, corto,
todo negro con lunares de colores y un cuello enorme. Soñado. El sábado tuve un
cumpleaños y me terminé muriendo de frío….¿por qué? Porque no tengo ningún puto
abrigo que pegue con el preciado vestidito. “Esto me va a servir para
aprender”, me dije tiritando. Error.
Ayer, día del
centro. Me encontré llenando un tiempo muerto antes de entrar a clase, y
¿adónde puedo haber ido? Como toda buena mujer que se precie de tal, me fui a
mirar vidrieras a 18. El resultado fue que me compré un buzo a cuadritos de
colores y unas botitas como de tejido peruano con una mezcla de colores sin
precedentes. Salí feliz. ¡Qué buena compra! ¡El día del centro sí que es una
pega! Ahora sí… este sábado para salir me pongo las botitas con… con… con… ¿el
bucito a cuadritos de colores? WRONG! Con… con… con… ¿el vestido de invierno a
lunares y sin abrigo? WRONG AGAIN. Damn it!
¿Qué me importa?
Voy a imponer una nueva moda, la moda “vestimenta collage”, y al carajo con
los personal shoppers del mundo.