miércoles, 6 de julio de 2011

Dicen que "recordar" viene del latín "recordari", compuesto por "re" (de nuevo) y "cordis" (corazón). Recordar es, entonces, hacer que algo pase nuevamente por el corazón...


¿Adónde va lo que olvidamos?


Cuando somos niños tendemos a ejercitar mucho la memoria, nos acordamos de cosas que nos parecen importantísimas para nuestra vida. Nos aprendemos de memoria el nombre de todos los personajes de los dibujitos, de las canciones para saltar a la cuerda, del nombre y todos los datos posibles del nene o nena que nos gusta, de la fecha de cumpleaños de la tortuga, de la última vez que fuimos de campamento y todo lo que hicimos... Cuando niños tenemos una fascinación por aprender cosas y recordarlas.

A medida que vamos creciendo nos vamos llenando la cabeza con cosas y datos nuevos. Cargamos nuestro cerebro con información que ahora es mucho más importante que todo lo anterior, y vamos dejando de lado esos datos que teníamos tan frescos y prontos para ser contados a quien preguntara (y a veces también a quien no). Es momento de estudiar, de llenar la cabeza de fórmulas, de hechos históricos, de cálculos matemáticos, de tablas y nombres de autores. Pero es curioso cómo sucede a veces que al encontrarnos con amigos de la infancia o incluso con gente que no compartió nuestra infancia pero que tiene más o menos nuestra edad, casi sin quererlo empiezan a aparecer fantasmas. 

Y de pronto, casi sin darnos cuenta, pasamos a ser testigos de una procesión interminable, colorida y maravillosa de dibujitos, de figuritas, de canciones, de escondidas, de "manchas", de castillitos de arena, de veo-veo, de vestidos de muñecas y pelotas hechas con medias, de cordoncitos en calles no muy transitadas y carrera de barquitos de papel en los charcos, de la vieja de la cuadra a la que nadie se animaba a pedirle que nos devolviera la pelota, de rayuelas, de hermosos maquillajes, de disfraces, de corsos y cabezudos, de piojos y liendres, del arenero, de las hamacas de la escuela, del "chis", el ta-te-ti y el martín pescador, de la bruja de los colores, el cuaderno de la amistad y las cartucheras firmadas.
Las palabras mágicas son: "se acuerdan que..." y como sea que termine la frase, siempre va a haber alguno que no se acordaba de eso hasta que se lo recordaron.

¿Adónde van esas cosas que olvidamos? Seguramente se quedan dormidas dentro de nosotros esperando ser llamadas. A veces duermen tanto, tanto que ya no son capaces de despertar jamás.

¿Y adónde va la gente cuando la olvidamos? ¿Sucede lo mismo con las personas? ¿Se duermen también para siempre? En definitiva, para muchos la vida consiste justamente en eso: en ser recordados, en trascender, en dejar huellas. Casi sin quererlo, y todos los días, ciertas personas nos tocan. Se nos presentan bajo la forma de amigo, de abuela, de vecino, de compañera de estudios, de novia. A veces las conocemos por simple casualidad. Esas personas buscan su caminito para colarse en nuestro cerebro y permanecer allí. Y cuando esas personas por un motivo u otro ya no están, siempre podemos acudir a ellas y encontrarlas en esos recuerdos que nos plantaron, en la idea que tenemos de ellas, en olores, caras y situaciones que nos conmueven y nos hacen volver a los días en que esas personas estaban.

Hoy cuando veas a las personas que querés, tratá de captarlas por completo, de disfrutarlas y guardarlas bien adentro para que permanezcan siempre en tu retina, en tu cerebro, en tu corazón. Así serás dueño de un tesoro que nadie nunca podrá quitarte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario