La sociedad se ha encargado de colocar una espada de Damocles sobe la cabeza de las mujeres. Si sos mujer tenés que arreglarte, verte siempre linda aunque recién te hayas levantado, delgadita como una bailarina de ballet, pero con las tetas de una vedette y la cola de una gimnasta; tenés que hacer algo productivo como trabajar o estudiar (sin dejar de lado todo lo anterior) y si sos exitosa, ¡mucho mejor!
Tenés que ser novia, amiga, madre, ama de casa, jefa, gimnasta, bailarina y maestra a la vez. Pero siempre luciendo linda. De todas formas, no es tan complicado, es sólo cuestión de voluntad. Mirá: te levantás y vas al club; de ahí te vas a laburar; en el camino visitás a tus padres y llamás por teléfono a tu amiga; cuando llegás del laburo limpiás toda la casa, paseas al perro y hacés la cena; después preparás las vianda para el día siguiente; por último te depilás, te hacés un baño de crema y esperás a tu hombre hecha una diosa; después cenás y te vas a la cama con él. Ah, si tenés hijos, mechás los pañales, los deberes, los juguetes y las peleas entre la depilada y la limpieza. ¿Qué tan complicado puede ser? Las mujeres nos quejamos de llenas.
Hoy en día es muy fácil ser y hacer todo esto y mucho más... y casi sin esfuerzo. Los científicos y la industria han venido a solucionarnos la vida. Parece que ahora hay unos championes nuevos que levantan la cola y fortalecen los muslos. Y además hay una yerba que ayuda a quemar calorías, perder peso y mejorar la piel. ¿No es genial? Es lo que toda mujer espera. Fijate: ahora, sentada y tomando mate, pero con los championes puestos, estás pronta para el programa de Tinelli en menos de lo que canta un gallo. Incluso, si te queda algo de plata, te comprás además uno de esos cinturones que dejan los abdominales más marcados que los de Chirs Namús sin necesidad de pisar el gimnasio. Pero siempre sin sacarte los championes, ¡y sin dejar de tomar mate!
Teniendo eso ya casi no precisás más nada. A menos que te compres un par más de cinturones y te pongas uno en cada brazo para, ya de paso, evitar la vergüenza de que se te sacuda el matambrito que cuelga cuando le hacés adiós a la vecina. Mirá si después le anda contando a todo el barrio que los años te están pegando para el demonio. Es preferible que le cuente a todo el mundo que no te sacás esos championes hace meses y que tenés los dientes verdes de tanto tomar mate, ¿no? Total... ¿quién te quita lo mateado?
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